El Mundial que nunca existió: la mentira literaria que enamoró a los futboleros

Los cuentos escritos en torno al fútbol son diversos y variados. Sin embargo, existe uno que ha generado tanto interés entre los aficionados que ya circula en el boca a boca como un mito; un relato al que algunos desearían aferrarse por el romanticismo que evoca sobre las memorias borrosas de un juez de línea en un mundial olvidado.

El misterio y la epicidad

¿Imaginas que un equipo indígena gane un mundial de fútbol? No una selección compuesta por jugadores que comparten un origen étnico dentro de un país con fronteras conocidas, sino un equipo que representa, única y exclusivamente, a su pueblo. Un equipo completamente mapuche.

Un torneo lleno de misticismo, donde no existían símbolos hoy tan cruciales como las tarjetas amarilla y roja (básicamente porque aún no se inventaban). Las canchas eran el polo opuesto a los majestuosos estadios del Mundial de Fútbol 2026: todo era rústico. La tierra estaba desprolija, raleada a machetazos, con arcos de dimensiones exorbitantes y sin redes. Nadie entendía bien las reglas del deporte rey, ni cuánto debía durar un partido. Las únicas prohibiciones claras eran tomar el balón con las manos y golpear en la cabeza a los caídos. Cualquier persona con el mínimo criterio para juzgar ambas infracciones podía convertirse en un respetable árbitro… obviamente, con un revólver a la mano, porque los jugadores solían entrar ebrios y armados con cuchillos.

¿Pausas de hidratación? Ni de broma. No había sponsors ni periodistas; solo un grupo de insensatos que jamás en su vida habían visto una pelota.

Clasificatorias

En este Mundial no hubo 32 ni 48 selecciones. No participó quien clasificó tras un largo proceso, sino quien logró juntar a once hombres en una convocatoria relámpago:

  • Argentina, el anfitrión, participó con un grupo de vagos y borrachos.
  • Polonia alineó a sacerdotes y obreros.
  • Los alemanes llegaron como los mejor preparados (manejando las reglas a su antojo), con un equipo de electrotécnicos que instalaban la primera línea telefónica del fin del mundo en 1942.
  • Los intelectuales franceses no quisieron quedarse fuera, pero como eran solo ocho, sumaron a tres pescadores chilenos.
  • Paraguay fue representado por veteranos de la Guerra del Chaco, los ingleses eran trabajadores ferroviarios y los italianos antifascistas exiliados en la Patagonia —dueños legítimos de las copas de 1934 y 1938— no tuvieron más opción que salir a defender sus títulos.
  • Finalmente se anotaron los mapuches, con propósitos muy distintos a los del resto.

Ficción escrita

El relato es sencillamente fascinante, tan absurdo como alucinante.

Como sabemos, durante la Segunda Guerra Mundial el fútbol oficial se suspendió. No hubo ningún mundial real, ni ninguna copa que los mapuches hayan ganado en el plano de la realidad. Sin embargo, en 1993, el periodista y escritor argentino Osvaldo Soriano publicó el cuento «El hijo de Butch Cassidy» en su libro Cuentos de los años felices.

Esta maravillosa pieza de ficción nació para llenar el vacío que la guerra le dejó a «la pasión de multitudes». Es el mismo relato que inspiró el aclamado mockumentary ítalo-argentino «Il Mundial dimenticato», una mentira hermosa que renace en cada año mundialista para vivir permanentemente en el imaginario colectivo de los amantes del fútbol y la literatura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *