Así aprenderás: el éxito rotundo del desamparo

Las mañanas eran frías, al igual que el primer recreo y la salida de la tarde.
El segundo recreo, la salida para ir a almorzar y el regreso eran, en cambio, horriblemente calurosos.
Los contrastes de Calama.
A los seis años entraba a primero básico. Mi papá me fue a dejar hasta la puerta de la sala cuando todavía no estaban construidos los lindos pabellones de hoy.
Para el 2008, cuando terminaba mi educación media en el Lezaeta, esos pabellones ya eran nuestra realidad. En medio de ellos vivimos temporales de viento, terremotos, misas multitudinarias, historias de amor y desamor, desencuentros, guerras de agua, aniversarios, kermeses y más. Una vida predecible y segura. Nada tan malo podía pasar en esa fortaleza… O eso creíamos.
A fines de marzo de este año, cerca de dos décadas después de nuestra partida del colegio, la realidad nos golpeó de frente. Nos recordó la profunda crisis de salud mental y convivencia que se vive en nuestra región y en el país. Esa realidad estaba ahí al encender el televisor, al mirar las redes sociales y en los cientos de mensajes que inundaban WhatsApp.
Estaba ahí, tocando la puerta de mi infancia y adolescencia, gritándonos que no solo los estudiantes están desamparados, sino también los funcionarios y profesores. La crisis de seguridad escolar nos estallaba en la cara y, nuevamente, las autoridades llegaban tarde.
Durante las semanas siguientes, las señales no disminuyeron; al contrario, se multiplicaron. Las amenazas de ataques escolares se tomaron el mapa y obligaron a suspender clases de forma preventiva a lo largo de Chile. Vivimos con miedo hasta que la psicosis se volvió tan habitual que dejamos de creer. Dejó de ser importante para las pautas de prensa y, poco a poco, el silencio comenzó a sepultarlo todo. 
Unos meses después, Netflix estrenó la serie coreana Así aprenderás (Teach You a Lesson), posicionándose rápidamente como una de las producciones más vistas en el país. Fue un fenómeno masivo porque, quizás en el fondo, todos intuimos lo mismo: esa pantalla reflejaba, de una manera retorcida y lejana, nuestra propia realidad y nuestra crisis de seguridad en las aulas.
Así aprenderás (Teach You a Lesson) no solo nos muestra la violencia entre estudiantes —como ya hemos visto en otras producciones—, sino que también nos enseña que los profesores, funcionarios y directivos, todas aquellas figuras a quienes el alumnado debería respetar, son pasados a llevar, silenciados, humillados y hasta atacados.
En este escenario, las redes sociales juegan un papel preponderante: son el medio por donde se comunican las nuevas generaciones, por donde se posicionan socialmente y donde aprenden.
Al igual que en Chile, y aparentemente en el resto del mundo, la serie plantea una crítica a ciertos modelos de crianza donde los adultos se desvinculan de lo que ocurre en el entorno digital de sus hijos.
La serie, basada en el controversial webtoon, no ha estado exenta de duras críticas. Según los lectores, en la historia original se puede encontrar lenguaje misógino y racista, y también se le acusa de promover el castigo físico extremo. Hago hincapié en este punto porque me parece el más controversial al destacar esta producción. Por una parte, estoy de acuerdo con que se utilicen historias reales en ficción, puesto que un hecho verídico de Corea del Sur inspiró un capítulo, para visibilizar la presión y el peligro al que están expuestos los profesores. A veces esto es necesario para remover a los espectadores, sobre todo cuando la adaptación busca denunciar un asunto grave.
Sin embargo, el nivel de violencia psicológica y física que ejercen los inspectores y agresores en la serie es demasiado gráfico, y en ningún caso consideraría que ese sería el camino para resolver los conflictos en los establecimientos reales. Dicho esto, la discusión de fondo continúa siendo otra.
En el desarrollo de la trama, seguimos a un inspector que trabaja para la Agencia de Protección de los Derechos de los Maestros, un departamento instaurado por el Ministerio que busca frenar los casos de violencia extrema que se registran. Este inspector será el encargado de encarrilar a todos los estudiantes —y a sus padres, de ser necesario— utilizando la fuerza si la situación lo requiere.
Los detractores del drama estiman que la serie podría entregar el mensaje equivocado, pues la solución debiera ser siempre educativa y con enfoques pedagógicos. No obstante, hay un factor de fondo que no se está considerando: ¿por qué en más de cuarenta y cinco países se convirtió inmediatamente en la serie más vista? La respuesta es incómoda: el desamparo en los establecimientos educacionales no solo nos tiene superados en Chile, sino también en Corea y en otros tantos países. Tal como pasó en Calama, compartimos esa persistente sensación de que las autoridades siempre llegan tarde y de que las respuestas institucionales simplemente no existen. Es ahí, en esos minutos de ficción y justicia inmediata que consumimos a través de la pantalla, donde el espectador encuentra una extraña gratificación; un refugio ficticio frente a una pregunta urgente que sigue flotando en el aire: y a nuestros profesores y funcionarios, ¿quién los protege?

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